jueves, 26 de diciembre de 2013

Ricardo Zamora salpicado por la Guerra Civil

Ricardo Zamora no requiere presentación. Pese a su lejana etapa futbolística su nombre es uno de esos iconos eternos, que siempre será respetado pese a que no hayamos podido presenciarlo. Se sigue empleando aquella frase de "Uno a cero, y Zamora de portero", a todos nos han enseñado (aunque en pocas ocasiones se utilice), que un despeje con el codo es una zamorana, gesto que practicaba el portero con éxito y frecuencia y sobretodo porque en España, el trofeo al portero menos goleado del campeonato lleva su nombre. Zamora, que se ganó el apodo de El Divino, sería el primer gran ejemplo de futbolista mediático. En los años 20 no había televisores. Pero todo el mundo conocía y respetaba su figura. Allá donde jugó y cuando representó a la Selección Española. En España, todo el mundo admiraba a Zamora. Cuyo nombre ya había saltado de nuestras fronteras. Su fama fue tal que incluso aceptó tomar parte en varios largometrajes cinematográficos.

Tras comenzar en el Espanyol, el club de su vida, un enfado con la directiva le hizo firmar por el Barcelona. Su brillantez se hizo mayúscula y fue el portero titular en el primer torneo internacional de nuestro fútbol, los Juegos Olímpicos de Amberes, donde España obtendría la medalla de plata y daría inicio al mito de la Furia Española. Zamora, después volvería al Español y más tarde, el Real Madrid se lanzó a su contratación en 1930. Tuvo que pagar 150.000 pesetas al Espanyol, y darle 100.000 al futbolista, más un salario mensual de 3000 pesetas. Una barbaridad para la época, que se mantuvo en el traspaso más caro de nuestro fútbol durante la friolera de ¡18 años! Zamora, en Madrid, mantuvo su nivel y desarrolló otros, como escribir, preparando sus memorias con apenas 29 años e iniciándose en el mundo del periodismo. Con los blancos estaría seis campañas más. También, y por supuesto como titular, disputaría el Mundial de Italia en 1934. 

Pero en 1936, estalla la Guerra Civil. Ricardo Zamora no parece adscrito a ninguna ideología. Pero, le preceden diversos gestos que le costarían dudas y penurias. En diciembre de 1934, disputado en el estadio de Chamartín, se organiza un partido de homenaje a su figura. Se enfrentan las Selecciones de España y Hungría, y Zamora, antes del encuentro recibe de Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República la Orden de la República.  En febrero de 1936, en Montjuic, se enfrentan en un encuentro amistoso las Selecciones de España y Alemania. Al sonar el himno del III Reich, los jugadores extienden el brazo y hacen el saludo nazi. Zamora, al parecer molesto con el proceder de los alemanes y como capitán del equipo español, decide alzar el puño cuando suena el himno republicano. Pocos meses después, hubo otro momento tenso que alimentó las creencias sobre la ideología de Zamora. El Madrid, vence la copa del Rey al Barcelona esa temporada, disputándose la final en Mestalla. En la cena de celebración, Zamora, como capitán, toma la palabra y concluye con un "Viva Valencia, el Madrid y España". Un periodista añade "y viva la República también". Pero Zamora no se sumó ni recogió el guante. 

Así llegó 1936, sorprendiéndole la guerra en Madrid. Ricardo Zamora, por aquel entonces, se había iniciado como colaborar del diario YA, de tendencia monárquica y católica. Es por ello, por lo que estas vinculaciones le ponen en el punto de mira de la República. Y entre la confusión de los primeros meses de guerra, comienzan rumores sobre su ejecución.

17-agosto-1936
Primero serían rumores variados. El ABC, aseguraba que un  periodista del diario La Mañana, había visto tirado en una cuneta cercana a la Moncloa el cuerpo del futbolista asesinado a balazos. Después llegarían otros rumores. En Francia, el diario L´Auto, recogían declaraciones de el ex jugador y compañero suyo, Platko que decía había recibido la información de la muerte de Zamora. En España, se haría eco en primer lugar el Mundo Deportivo recogiendo esa información en agosto de 1936. Jules Rimet, presidente de la FIFA, organizó un minuto de silencio en memoria del guardameta. Queipo de Llano, en su alocución radiofónica informando de los avances en la guerra, también recogió el rumor y mostró su consternación por el asesinato del "guardameta nacional". 

El 2 de octubre, surge otro rumor. Una posible huida a México, en la que incluso habría recibido una oferta para incorporarse a un club de allí. La información aparece en portada de El Mundo Deportivo el 2 de octubre de 1936 y recoge información del diario belga Le vie Sportive.


Pero no era así... Zamora seguía vivo. Pero había sido apresado por los republicanos y trasladado a la cárcel Modelo. Sería el 12 de octubre cuando, esta vez sí, el Mundo Deportivo ofrecía información correcta. 

Comenzaron gestiones para averiguar más sobre su estado. En un partido entre las Selecciones de Cataluña y Valencia, los capitanes de las mismas, Martín Vantolrá y Carlos Iturraspe solicitaron al presidente Lluis Companys que intercediese por el futbolista. También intentarían convencer a Jules Rimet para que presionase desde su cargo de Presidente de la FIFA para intentar conseguir su liberación.

Pero estos gestos fueron insuficientes. Zamora permaneció en prisión. Allí su figura seguía siendo respetada, y más por petición del escritor Pedro Luis Galvez, que pese a intentar salvar de la muerte a varias figuras, el régimen franquista decidió fusilarlo en 1940. Cuando se preparaban una saca de presos para ser ejecutados, un miliciano anónimo alertó a Zamora y pudo salvar la vida. Una vez liberado, se refugió en la embajada argentina, viviendo con ayudas de amigos y familiares, ya que temía volver a caer detenido. De hecho, su casa había sido saqueada, y muchos de sus trofeos como futbolista robados. Finalmente, en marzo del 37, Zamora consigue un pasaje para ser evacuado. Toma destino a Francia, donde se compromete con el Niza, y juega un par de campañas más. Varios miembros sublevados le animan a retornar a España y comprometerse con los nacionales, pero Zamora lo rechaza. Trata de explicar su postura, como defensor de la Patria, pero rechazando entrometerse en política. Pero, esto levanta también suspicacias y encuentra feroces críticas entre los franquistas. Este retraso en su regreso, provoca también que sea investigado por el Consejo Superior de Deportes.

Por ello, decide aceptar el cargo del Atlético Aviación, club vinculado al Ejercito que le libra de las represalias que llegaron a solicitarse para su figura (y con el que ganaría la Liga en dos ocasiones). También, toma parte en diversos duelos benéficos con afán recaudatorio para soldados, o para organizaciones juveniles de Falange. Ese sería el inicio de una amplía carrera como técnico, que incluso le llevaría a ocupar el cargo de Seleccionador Nacional en 1952. Fallecería en 1977 en Barcelona. Posiblemente uno de los mejores porteros de la historia y una figura controvertida que a punto estuvo de perder la vida en la Guerra Civil.