lunes, 5 de noviembre de 2012

La lucha ejemplar de Luis Fernando Montoya

El mundo gira sus ojos hacia una nueva elección presidencial en Estados Unidos. La nación más poderosa del mundo opta entre la reelección de Barack Obama o darle la alternativa al candidato republicano Mitt Romney. Una de las primeras cosas que nos llegó del aspirante, ex organizador de los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City en 2002, fue cuando acusó al popular actor aquejado de parkinson, Michael J Fox, de emplear su talento interpretativo para exagerar su enfermedad. El mítico Marty McFly de Regreso al Futuro organizó una fundación con su nombre y participó activamente para que se empleasen células madre en la investigación de enfermedades. El Vaticano y los sectores conservadores se oponen, entre ellos Romney.

Quizá su nombre no alcanzara mucho fama en Europa. Luis Fernando Montoya es un entrenador colombiano. Ganó avales de buen preparador en las categorías inferiores de Antioquía y de la propia Federación Colombiana. Mismo trabajo hizo en Atlético Nacional, hasta que los dirigentes le ofrecieron hacerse cargo del primer equipo al que dejó subcampeón de su país en el año 2002. Le llegó la oportunidad de dar el salto a otro equipo poderoso de Colombia, el Once Caldas. Y Montoya cuajó su mejor campaña. Ganó el campeonato de 2003 y al año siguiente cuajó una sensacional Copa Libertadores dejando en la cuneta, entre otros, a Barcelona de Guayaquil, Santos (con internacionales conocidos en Europa como Robinho, Renato, Elano y Diego) y Sao Paulo (con Cicinho o Luis Fabiano) para imponerse en la final a un Boca Juniors que tenía en sus filas a Tevez, Abbondanzieri, Perea, Schelotto o Burdisso como rostros más afamados a este lado del charco. Sendos empates, tras grandes planteamientos del técnico, hicieron que se dirimiera en los penaltys y Once Caldas se proclamó, por vez primera en su historia, Campeón de la Copa Libertadores en el año 2004. También desde los once metros se le escapó la Copa Intercontinental ante el Oporto. Fue nombrado mejor Director Técnico de Sudámerica esa campaña y se auguraba un futuro prometedor a sus 47 años. 

Apenas diez días después de proclamarse subcampeón del Mundo de clubes, al regresar a Caldas, vivió un intento de robo en su vivienda. Los asaltantes propinaron dos disparos en el cuello que seccionaron su medula espinal. Se temió por su vida pero sobrevivió. Quedó tetraplejico y con graves problemas respiratorios. Pero él no arrojó la toalla y desde el principio mostró sus esperanzas de recuperarse. No quería dejar de lado a su esposa, y a su hijo, que en aquel momento tenía 3 años. Haría todo lo posible por vivir. Incluso, pese a ser católico declarado, se sometió a varios tratamientos experimentales con células madre.

Desde entonces Montoya, continua su lucha inquebrantable. Al principio totalmente inmovilizado y sin apenas poder hablar conectado a diversos instrumentos. Milagrosamente, años después, se encuentra sin marcapasos, sin respirador artificial y es capaz de poder hablar. Pese a que no tiene movilidad de cuello para abajo, no se rinde. Sueña con seguir progresando y recuperando movilidad. Ha ejercido como comentarista deportivo y llegó a dirigir a Once Caldas en un amistoso. Pero no se rinde. Quiere más. Pese a que los médicos no consiguen encontrar explicación a su recuperación él quiere regresar a un banquillo a dirigir a un equipo de fútbol. Y seguro que no lo abandonará. Al menos, irse con la seguridad de haberlo intentado al máximo. Ha recibido diversos homenajes. El estadio del Once Caldas lleva su nombre y desde este  mes de junio 2012 colabora como asesor del equipo Millonarios de la ciudad de Bogota. Sus ganas de vivir le han ganado diversos apodos, quizá el más bonito el de "Campeón de la Vida", y le han convertido en un ejemplo de esfuerzo, tesón y esperanza.

Agradecer a los seguidores colombianos del Facebook Panchita Panchini (@panchajusbolera) y Blue Beat, sus aportaciones en este artículo.