jueves, 19 de abril de 2012

El (no) enfrentamiento entre el Chile de Pinochet y la Unión Soviética en 1973

HISTORIAS DEL ESTE

En 1973, Chile y la Unión Soviética deben enfrentarse en la eliminatoria de repesca para determinar quién obtiene plaza para el Mundial de Alemania 1974. No estaba previsto que estos países se encontrasen en esta ronda. Tenían un equipo poderoso y en sus quinielas entraba clasificarse de manera directa. La URSS, que contaba con un buen equipo, con el Balón de Oro Oleg Blohkin se vio superado por Hungría en otro duelo con tintes políticos. Chile, sí avanzó en su grupo ante Perú y una Venezuela que no completó la fase. Eran dos países con buenas relaciones. El Gobierno de Allende simpatizaba con los ideales soviéticos y  la URSS veía con esperanza el desarrollo del país latinoaméricano bajo ese mandato socialdemocrata.

Pero, el 11 de Septiembre de 1973, la historia daría un vuelco. Un golpe de Estado liderado por el General Pinochet derrocaría al Gobierno de Allende, asaltando la sede del Gobierno y ejecutando al Presidente que se negó a rendirse defendiendo el Palacio de la Moneda. Se iniciaba una de las dictaduras más represoras y sangrientas de Sudamérica. Miles de desaparecidos, torturados y ejecutados se sucedieron a lo largo de esas semanas, ante un clima de confusión y falta de información abundante. Los estadios de fútbol se convirtieron en grandes centros de reclusión, donde se amontonaban presos y se les torturaba en busca de colaboradores, informantes o simpatizantes del anterior régimen.

La URSS tardó apenas nueve días en retirar a su embajador y romper relaciones con el Chile liderado por los golpistas. Chile además decretó la prohibición de abandonar el país, aunque finalmente, convencido de que sería un refuerzo para su imagen, se permitió a la Selección de fútbol viajar a Moscú para el encuentro de ida del repechaje del Mundial. En un vuelo interminable, y con continuos temores y acusaciones por ambos bandos, los chilenos llegaron a la Unión Soviética. Existía el temor que fueran detenidos y se sugiriese un intercambio por presos políticos. Ese canje no llegó a plantearse. Aún así, la tensión se palpaba. Hubo problemas con los pasaportes. Algunos jugadores fueron retenidos al existir dudas en sus datos o fotografías, entre ellos Caszely, que posteriormente abandonaría el país y sería un activo opositor a la dictadura. La escalada de enfrentamiento iba en aumento, aunque no se produjeron mayores incidentes. Finalmente el partido de ida, se disputó en el Estadio Lenin y concluyó con empate a cero.

La vuelta dictaría sentencia. Debía jugarse en el Estadio Nacional de Santiago, uno de los mayores centros de detención del país. La URSS solicitó a la FIFA que negase ese escenario como lugar para disputar el encuentro. El organismo internacional envió una delegación, visitó el estadio donde se agolpaban unos 7000 presos, pero decidió mirar hacia otro lado y dio luz verde al encuentro. "Tranquilidad total" fue su informe. Escuchado esto, la URSS decidió emitir un comunicado y negase a viajar al país andino. Blohkin aseguró que temían por sus vidas y creían que era mejor no disputar el encuentro ni viajar hasta Chile. El resto del equipo y del Gobierno le secundó.

Pese a no haber rival, el 21 de noviembre de 1973, a la hoja fijada, la Selección Chilena y el árbitro saltaron al campo. Una banda musical entonó el himno del país mientras se izaba una bandera y los jugadores sacaron de centro y fueron pasándose la pelota hasta introducirla en la portería vacía de una incompareciente Unión Soviética. 18.000 espectadores observaban la parodia que certificaba la clasificación de Chile al Mundial de Alemania sobre el poderoso enemigo comunista.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ese "partido" fue y sigue siendo una vergüenza nacional en Chile. Hay que mencionar también que la hoy fallecida madre de Caszely fue torturada por agentes de la dictadura mientras su hijo jugaba el mundial de España 82.