viernes, 10 de febrero de 2012

El Juez Garzón pierde la titularidad

Después de muchos días de debate, comidilla, indignación/aplauso, se confirmaba lo predecible. El Juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, era condenado por prevaricación a 11 años de inhabilitación como juez, por emplear micrófonos para grabar las conversaciones entre acusados de la trama Gürtel y sus abogados.

Garzón ha ejercido una función en España, que no debería existir en ningún país del mundo, la de los "jueces estrella". La de sentirse por encima de la propia justicia. El coger e investigar todos los casos mediaticos y arrojarse hacia los medios como sinónimo de justiciero y estrella. Ser esa figura pública hizo que fuera uno de los rostros conocidos que organizaba el partido anual contra las Drogas y se situaba como portero, asegurando que de joven era un gran guardameta pero que se inclinó por la vía jurídica.

En ella, una veloz carrera, sobretodo ganada con los casos más mediaticos de este país. Desde las operaciones contra el narcotráfico gallego a intentar inculpar al primer ministro italiano Silvio Berlusconi y su cúpula por cometer fraude fiscal en la compra de TeleCinco, que una década después, tras recorrer todos los Tribunales resultaron archivadas por no existir causas. Durante ese tiempo, el Juez ganó unas credenciales progresistas que le situaron en las listas electores del PSOE... pero la aventura política duró poco, y a su vuelta a la Audiencia Nacional conllevó las más profundas investigaciones sobre el terrorismo de Estado en España. Pese a las dudas sobre la compatibilidad y conveniencia que fuera Garzón el que enjuiciase las causas, no hubo problemas para regocijo de la derecha y comentarios como aprovechado o vengativo de la izquierda. En esas causas, un ex ministro y un ex Secretario de Estado acabaron en prisión, para satisfacción de algunos, mientras otros consideraban que se debía excavar y profundizar más hasta despejar la X del creador de los GAL.

Ese jolgorio según el viento que soplase, se convirtió en consenso. Fue el juez que se atrevió a cerrar el diario Egin, cuando clausurar un periódico se veía como una barbarie hacia la libertad de expresión en la Unión Europea y fue el juez que clausuró Batasuna por considerarlo como un instrumento de ETA y no como una formación política. En esos momentos, aunque sus modos de actuar bordearon o forzaron la ley, era aplaudido. Episodios como ordenar detener un barco y destrozarlo en busca de un alijo de cocaína que nunca apareció, eran pequeñas manchas en su carrera.

Por aquel entonces ya disponía de amplia fama internacional. Su intento de juzgar al dictador chileno Augusto Pinochet, pidiendo su extradición a Gran Bretaña e incluso manifestando su intención de llamar a declarar al ex Secretario de Estado estadounidense Henry Kisinger, le pusieron en la lanzadera internacional. Algunos veían a un juez valiente, dispuesto a sentar precedente sentando en el banquillo a un ex Jefe de Estado que tuviera que responder por los crímenes sucedidos durante su mandato. Finalmente, la extradición no se produjo ante la incomodidad que suponía para todos los agentes, desde el propio Gobierno Británico al español.

Garzón, parecía invencible. Hasta se publicaban informes que los cuerpos de seguridad preferían esperar a su turno para presentar operaciones porque el Juez se mostraba más animado a hacerles caso que el resto, su nombre se barajaba para el Premio Nobel de la Paz incluso. Esos desmanes, grandes operaciones que al final quedaban a medias pese a todo el ruido y polvareda levantados, eran perdonados. Y cualquier acción contra ETA y su entorno, generaba admiración entre las fuerzas políticas.

Su fama no se resentía. Cualquier gran caso entraba en su manga. España pidió la detención de Osama Bin Laden por orden suya o se sumó a varios actos en contra de la guerra de Irak que lanzó el Partido Popular. A su vez dio los primeros pasos de investigar que sucedía en el penal de Guantanamo y cual era su legalidad o sobre supuestos lavados de dinero B que reliazaba el BBVA...

Pero de ese tiempo a la actualidad la figura se fue resquebrajando. Esos desmanes que anteriormente se habían "permitido", "aceptado", "soportado" se han puesto coto desde el año pasado. Tres causas abiertas, sobre prevaricación, cohecho y vulnerar los derechos de los defendidos, han puesto fin a una meteórica carrera judicial. Garzón no se retirará, encontrará alguna ocupación pública, pero ya no será como Magistrado de la Audiencia. 

En las últimas fechas hemos visto un amplio movimiento ante la figura del juez. Desde personajes del cine, a políticos y medios de comunicación, alcanzando las propias editoriales de medios internacionales. El caso es que el Tribunal Supremo, por unanimidad, condenó a Garzón y puso fin a la estrella que le había acompañado desde sus inicios y hasta ahora le había hecho inmune a todo.

1 comentario:

Señor Fontaneda dijo...

Me dan mucha pena los que lo apoyan porque no se dan cuenta de que este personajillo les está utilizando, y utilizando en muchos casos su dolor, lo que es más grave.
Un juez como éste sólo podía prosperar en un país de pandereta. Qué pena, de verdad. Y qué alivio comprobar que al menos a veces podemos confiar en la Justicia.